Felipe II, el duque de Alba y la Leyenda Negra

Felipe II, el duque de Alba y la Leyenda Negra

Felipe II (1527-1598)
Felipe II (1527-1598)

Felipe II (1527-1598) fue, sin lugar a dudas, un rey polémico, pues sus contemporáneos fueron, mayoritariamente, muy críticos con él, dado que no lo veían con buenos ojos y, por otra parte, los historiadores, durante muchos años, han trabajado el rey con juicios y valoraciones muy negativas, conque los factores contemporáneos y historiográficos se unen en contra de su figura.

Esta situación generalizada negativa de Felipe II se debe, en gran medida, a la Leyenda Negra, una creación artificial, que no responde, evidentemente, a la realidad en su totalidad, pues en gran parte es ficticia. En definitiva, la Leyenda Negra es, en el fondo, un corpus teórico que concentra todo el odio que cayó encima de la Monarquía Hispánica y de manera más concreta sobre su soberano: Felipe II.

Tercer duque de Alba (1507-1582)

Cabe recordar que el principal y más fiel general que tubo Felipe a sus órdenes fue Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1507-1582), más conocido por su título nobiliario: el tercer duque de Alba, un militar ya bregado con Carlos V (1500-1558) en la batalla de Pavía donde ganó a los franceses, en Túnez contra los turcos y en Alemania, donde fue uno de los protagonistas de la victoria de Mühlberg en el año 1548, en la que el catolicismo consiguió su gran victoria frente el protestantismo, de modo que con Felipe II, el gran duque de Alba ya era un hombre, por así decirlo, fogueado.

Guillermo de Orange-Nassau (1533-1568)

Era 1581, cuando Guillermo de Orange-Nassau (1533-1584) publicó Apología, el primer elemento de la Leyenda Negra, donde atacaba Felipe con varias acusaciones, como las de incesto, por haberse casado con Ana de Austria (1549-1580), que era sobrina suya, de asesino, por haber matado, supuestamente, a su tercera esposa, Isabel de Valois (1546-1568) y a su hijo, el príncipe heredero Carlos (1545-1568) y de más que asesino, pues lo hizo responsable de los miles de muertos habidos en las Américas.

Nada dice lo escrito sin su contexto y éste no es otro que el hecho que Guillermo de Orange-Nassau había sido condenado al exilio por sus aceres, como también confiscados la totalidad se sus bienes, de modo que Guillermo era un hombre resentido con el rey y no se pudo estar de hacer un retrato parecido de su fiel servidor, el tercer duque de Alba, del que dijo que era el perro de caza del rey y un expoliador y asesino obseso.

Antonio Pérez de Hierro (1540-1611)

El otro elemento clave de la Leyenda Negra llegó en 15894 de la mano de Antonio Pérez de Hierro (1540-1611), secretario de estado de Felipe II, que publicó las conocidas como Relaciones, en un momento el que había huido de la Corte, pues había sido acusado de un asesinato y, quizás más importante, en un momento en el que hacía poco que había recibido una sustanciosa ayuda económica de Isabel I de Inglaterra (1533-1603) para escribir las Relaciones.

Estos dos personajes fueron los que asentaron los fundamentos de la Leyenda Negra, que llegó, propiamente, con los miles de panfletos que afianzaron un antihispanismo muy radical en el norte europeo, en parte, gracias a que su contenido era mayor en dibujos que en letras.

A Felipe II también se le sumó en su contra otro elemento más sutil: el hecho que su padre Carlos V solamente se casó una vez y él hasta cuatro veces con María Manuela de Portugal (1527-1545) en 1543, María I de Inglaterra (1516-1558) en 1554, gracias a la cual Felipe fue rey de Inglaterra cuatro años, Isabel de Valois en 1559 y Ana de Austria en 1570.

El historiador Henry Kamen (1936-…)

A todo esto, Henry Kamen en Del Imperio a la decadencia; los mitos que forjaron la España Moderna (2006) dice que ensuciar la figura de Felipe II era hacer lo mismo con el Imperio Hispánico; el estado más poderoso de ese tiempo y de toda la Historia de la Humanidad.

Henry Kamen también apunta que Felipe era, por la fuerza, enemigo de Francia, Inglaterra, Países Bajos del Norte, protestantes alemanes, Imperio Otomano, italianos nacionalistas y, en algunos momentos, hasta del propio Papado.

Ser rey e la Monarquía Hispánica quería decir tener todo este bloque en contra y todos ellos, evidentemente, contribuyeron a gestar y difundir una imagen negativa, casi destructiva del rey y de manera especial esto lo hicieron los ingleses.

Por otra parte, en el año 1591, en Zaragoza, empezó a circular un pasquín, un escrito de sátira política, que cualificaba a Felipe textualmente de tirano.

Por otra parte, para analizar el odio y la tirria contra el gran duque de Alba hay que fijarse con la iconografía, que no fue nada misericordiosa con él, pues Pieter Brueghel (1525-1569), en su cuadro de la matanza de los santos inocentes de Belén muestra una figura humana de un hecho muy siniestro que correspondería al duque de Alba contemplando la ejecución de unos niños. También se puede encontrar una estampa donde aparece Fernando Álvarez de Toledo sentado en un trono con un niño a las manos a punto de comérselo vivo y a sus pies un montón de cadáveres decapitados y, finalmente, un grabado que muestra el duque siendo coronado por el diablo.

Esta iconografía iba acompañada de un relato oral en los Países Bajos que se ha afianzado casi hasta la actualidad, por el que las madres cuyos hijos no querían comer los amenazaban con que llamarían al duque de Alba si no lo hacían y estas madres, sin pretenderlo, hacían una severa transmisión ideológica.

En todo caso, esto constituye una leyenda, oral e iconográfica, que configuró una imagen del duque ensuciada por la sangra y dañada por el ejercicio de la tiranía pero todo historiador, bueno en su trabajo y libre de toda influencia ideológica, entrevé, rápidamente, que esto es el objeto de la teoría del chivo expiatorio, pues esta fue una época de guerras, revueltas, represión, etc., teniendo en cuenta que toda leyenda es en parte realidad, pero también, y en mayor medida, está llena de falsedades.

Estas falsedades se confirmaron en el año 1952, cuando Jacobo Fitz-James Stuart Falcó (1901-1953), decimoséptimo duque de Alba, publicó el libro Epistolario del tercer duque de Alba, que reproducía 2714 cartas escritas por el mismo duque entre los años 1536 y 1581 y con la publicación de éstas empezó a producirse un replanteamiento radical de la figura del duque.

Erasmo de Rotterdam (1466-1536)

Actualmente, según la historiografía seria, el tercer duque de Alba está considerado como un hombre de gran inteligencia, por lo menos a la hora de plantar batallas, pues el Gran Duque se dirigía a sus soldados como nobles señores y él, como general de sus ejércitos, consiguió que lo respetasen por ítem positivo y las batallas dirigidas por el duque tenían dos características básicas: velocidad y efectividad, pues una de las máximas del duque era terminar éstas con el menor número de bajas humanas posibles, de manera que sus campañas debían ser rápidas y contundentes.

Juán Boscán (1490-1542)

Álvarez de Toledo también fue un hombre muy severo frente la indisciplina, no solo militar, sino también humana, pues el duque hacía colgar los soldados, fuese cual fuese su rango, culpables de robo a campesinos y, finalmente, cabe destacar que el duque de Alba también fue un hombre culto, pues en una época de analfabetismo dominaba, a la perfección, francés, italiano, alemán y leía Tácito en latín. Su maestro fue el poeta catalán Juan Boscán (1490-1542) y fue un amigo entrañable de Erasmo de Rotterdam (1466-1536).


“Nadie es profeta de su tierra”

– Jesucristo.


Bibliografía

Moreno Juliá, X. (2015). “La Europa del siglo XVI“. [Material de clase] Historia de Europa. Universitat Rovira i Virgili [Octubre de 2015].

– Gerard Caballé Setó.

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