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Autor: Gerard Caballé Setó

Soy Gerard Caballé Setó y nací en Montblanc en el año 1993. Actualmente vivo en Barcelona y soy historiador en formación en la Universitat Rovira i Virgili con especial atención a la Historia del siglo XX español, pero también con interés para la Historia Moderna Hispánica. Según mi entender y proceder, un buen historiador no puede aceptar dogmas; no puede respetar ninguna prohibición y no debe reconocer ningún tabú, dado que el país del pasado a veces resulta muy molesto y la razón de ello es que la Historia no es Moral y la función de ésta no es ni condenar ni repartir bendiciones desde el presente al pasado; la función de la Historia es explicar para comprender y bajo ningún concepto puede ser una sirvienta de la actualidad.
Felipe II, el duque de Alba y la Leyenda Negra

Felipe II, el duque de Alba y la Leyenda Negra

Felipe II (1527-1598)
Felipe II (1527-1598)

Felipe II (1527-1598) fue, sin lugar a dudas, un rey polémico, pues sus contemporáneos fueron, mayoritariamente, muy críticos con él, dado que no lo veían con buenos ojos y, por otra parte, los historiadores, durante muchos años, han trabajado el rey con juicios y valoraciones muy negativas, conque los factores contemporáneos y historiográficos se unen en contra de su figura.

Esta situación generalizada negativa de Felipe II se debe, en gran medida, a la Leyenda Negra, una creación artificial, que no responde, evidentemente, a la realidad en su totalidad, pues en gran parte es ficticia. En definitiva, la Leyenda Negra es, en el fondo, un corpus teórico que concentra todo el odio que cayó encima de la Monarquía Hispánica y de manera más concreta sobre su soberano: Felipe II.

Tercer duque de Alba (1507-1582)

Cabe recordar que el principal y más fiel general que tubo Felipe a sus órdenes fue Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1507-1582), más conocido por su título nobiliario: el tercer duque de Alba, un militar ya bregado con Carlos V (1500-1558) en la batalla de Pavía donde ganó a los franceses, en Túnez contra los turcos y en Alemania, donde fue uno de los protagonistas de la victoria de Mühlberg en el año 1548, en la que el catolicismo consiguió su gran victoria frente el protestantismo, de modo que con Felipe II, el gran duque de Alba ya era un hombre, por así decirlo, fogueado.

Guillermo de Orange-Nassau (1533-1568)

Era 1581, cuando Guillermo de Orange-Nassau (1533-1584) publicó Apología, el primer elemento de la Leyenda Negra, donde atacaba Felipe con varias acusaciones, como las de incesto, por haberse casado con Ana de Austria (1549-1580), que era sobrina suya, de asesino, por haber matado, supuestamente, a su tercera esposa, Isabel de Valois (1546-1568) y a su hijo, el príncipe heredero Carlos (1545-1568) y de más que asesino, pues lo hizo responsable de los miles de muertos habidos en las Américas.

Nada dice lo escrito sin su contexto y éste no es otro que el hecho que Guillermo de Orange-Nassau había sido condenado al exilio por sus aceres, como también confiscados la totalidad se sus bienes, de modo que Guillermo era un hombre resentido con el rey y no se pudo estar de hacer un retrato parecido de su fiel servidor, el tercer duque de Alba, del que dijo que era el perro de caza del rey y un expoliador y asesino obseso.

Antonio Pérez de Hierro (1540-1611)

El otro elemento clave de la Leyenda Negra llegó en 15894 de la mano de Antonio Pérez de Hierro (1540-1611), secretario de estado de Felipe II, que publicó las conocidas como Relaciones, en un momento el que había huido de la Corte, pues había sido acusado de un asesinato y, quizás más importante, en un momento en el que hacía poco que había recibido una sustanciosa ayuda económica de Isabel I de Inglaterra (1533-1603) para escribir las Relaciones.

Estos dos personajes fueron los que asentaron los fundamentos de la Leyenda Negra, que llegó, propiamente, con los miles de panfletos que afianzaron un antihispanismo muy radical en el norte europeo, en parte, gracias a que su contenido era mayor en dibujos que en letras.

A Felipe II también se le sumó en su contra otro elemento más sutil: el hecho que su padre Carlos V solamente se casó una vez y él hasta cuatro veces con María Manuela de Portugal (1527-1545) en 1543, María I de Inglaterra (1516-1558) en 1554, gracias a la cual Felipe fue rey de Inglaterra cuatro años, Isabel de Valois en 1559 y Ana de Austria en 1570.

El historiador Henry Kamen (1936-…)

A todo esto, Henry Kamen en Del Imperio a la decadencia; los mitos que forjaron la España Moderna (2006) dice que ensuciar la figura de Felipe II era hacer lo mismo con el Imperio Hispánico; el estado más poderoso de ese tiempo y de toda la Historia de la Humanidad.

Henry Kamen también apunta que Felipe era, por la fuerza, enemigo de Francia, Inglaterra, Países Bajos del Norte, protestantes alemanes, Imperio Otomano, italianos nacionalistas y, en algunos momentos, hasta del propio Papado.

Ser rey e la Monarquía Hispánica quería decir tener todo este bloque en contra y todos ellos, evidentemente, contribuyeron a gestar y difundir una imagen negativa, casi destructiva del rey y de manera especial esto lo hicieron los ingleses.

Por otra parte, en el año 1591, en Zaragoza, empezó a circular un pasquín, un escrito de sátira política, que cualificaba a Felipe textualmente de tirano.

Por otra parte, para analizar el odio y la tirria contra el gran duque de Alba hay que fijarse con la iconografía, que no fue nada misericordiosa con él, pues Pieter Brueghel (1525-1569), en su cuadro de la matanza de los santos inocentes de Belén muestra una figura humana de un hecho muy siniestro que correspondería al duque de Alba contemplando la ejecución de unos niños. También se puede encontrar una estampa donde aparece Fernando Álvarez de Toledo sentado en un trono con un niño a las manos a punto de comérselo vivo y a sus pies un montón de cadáveres decapitados y, finalmente, un grabado que muestra el duque siendo coronado por el diablo.

Esta iconografía iba acompañada de un relato oral en los Países Bajos que se ha afianzado casi hasta la actualidad, por el que las madres cuyos hijos no querían comer los amenazaban con que llamarían al duque de Alba si no lo hacían y estas madres, sin pretenderlo, hacían una severa transmisión ideológica.

En todo caso, esto constituye una leyenda, oral e iconográfica, que configuró una imagen del duque ensuciada por la sangra y dañada por el ejercicio de la tiranía pero todo historiador, bueno en su trabajo y libre de toda influencia ideológica, entrevé, rápidamente, que esto es el objeto de la teoría del chivo expiatorio, pues esta fue una época de guerras, revueltas, represión, etc., teniendo en cuenta que toda leyenda es en parte realidad, pero también, y en mayor medida, está llena de falsedades.

Estas falsedades se confirmaron en el año 1952, cuando Jacobo Fitz-James Stuart Falcó (1901-1953), decimoséptimo duque de Alba, publicó el libro Epistolario del tercer duque de Alba, que reproducía 2714 cartas escritas por el mismo duque entre los años 1536 y 1581 y con la publicación de éstas empezó a producirse un replanteamiento radical de la figura del duque.

Erasmo de Rotterdam (1466-1536)

Actualmente, según la historiografía seria, el tercer duque de Alba está considerado como un hombre de gran inteligencia, por lo menos a la hora de plantar batallas, pues el Gran Duque se dirigía a sus soldados como nobles señores y él, como general de sus ejércitos, consiguió que lo respetasen por ítem positivo y las batallas dirigidas por el duque tenían dos características básicas: velocidad y efectividad, pues una de las máximas del duque era terminar éstas con el menor número de bajas humanas posibles, de manera que sus campañas debían ser rápidas y contundentes.

Juán Boscán (1490-1542)

Álvarez de Toledo también fue un hombre muy severo frente la indisciplina, no solo militar, sino también humana, pues el duque hacía colgar los soldados, fuese cual fuese su rango, culpables de robo a campesinos y, finalmente, cabe destacar que el duque de Alba también fue un hombre culto, pues en una época de analfabetismo dominaba, a la perfección, francés, italiano, alemán y leía Tácito en latín. Su maestro fue el poeta catalán Juan Boscán (1490-1542) y fue un amigo entrañable de Erasmo de Rotterdam (1466-1536).


“Nadie es profeta de su tierra”

– Jesucristo.


Bibliografía

Moreno Juliá, X. (2015). “La Europa del siglo XVI“. [Material de clase] Historia de Europa. Universitat Rovira i Virgili [Octubre de 2015].

– Gerard Caballé Setó.

La economía catalana en el Imperio Hispánico de los Habsburgo

La economía catalana en el Imperio Hispánico de los Habsburgo

Carlos V (1500-1558)
Carlos V (1500-1558)

La economía catalana des de los tiempos del emperador Carlos V (1500-1558) y sus descendientes, como en muchos otros momentos de la Historia, pasó por sus más y por sus menos por factores internos del Imperio, como también exteriores, que favorecieron y debilitaron la economía catalana, como también la de otros territorios del Imperio, pues una de las máximas de la economía es su evolución según las tendencias, que son modificables con el paso del tiempo.

Carlos V, en sus momentos iniciales de reinado, estableció una política de protección económica respecto Cataluña, que resultó claramente favorecida en deprimente de los intereses de los territorios italianos de la Corona, pero llegados a los años 1528-1529, el emperador necesitó de la ayuda de los genoveses en cuestiones imperiales y esto le llevo a retirar esa política proteccionista que favorecía, económicamente, a Cataluña. Esto no es nada más que una evidencia de estos cambios de ciclos propiciados, en este caso, por factores políticos.

Por otra parte, si alguna cuestión marco la vida del emperador Carlos V, ésta fue, sin lugar a dudas, la guerra; infinitas guerras a las que tubo que hacer frente Habsburgo hispánico, factor que, evidentemente, afectó irremediablemente la economía y el comercio de toda Europa.

Hablando de la realidad económica del Imperio Hispánico de los Habsburgo es imprescindible referirse a la gallina de los huevos de oro de éste: el comercio con América, aunque la mayoría de los intereses económicos de los territorios que integraban la Corona de Aragón, caso de Cataluña, se encontraban en el Mediterráneo, zona en la que Cataluña centró gran parte de sus empeños comerciales.

Ahora bien, centrándose en la cuestión americana, el comercio con estas colonias se encontraba restringido a unos pocos y determinados puertos y este hecho ha sido utilizado la historiografía nacionalista para justificar que a Cataluña le perjudicó, económicamente, pertenecer al Imperio Hispánico, sin embargo, la realidad era otra muy distinta a la proyectada por los historiadores de dicha corriente, pues aunque los lugares autorizados para comerciar con América estaban, efectivamente, restringidos, no lo estaban las personas y como dice el dicho, hecha la ley, hecha la trampa, de modo que muchos comerciantes catalanes se fueron con sus mercaderías a estos puertos autorizados y des de éstos comerciaron tranquilamente y sin problema alguno con América, así que Cataluña sacó un más que provechoso rédito económico de dichas transacciones comerciales.

Alexander Hamilton (1755-1804)

Asimismo, según la teoría económica de Alexander Hamilton (1757-1804) los precios son más altos en las zonas que generan más riqueza, posición que, en este caso, correspondía a Castilla y no a Cataluña, de modo que los castellanos tenían un 45% más de costes de producción respecto los catalanes, que disfrutaron de una mayor competitividad comercial con sus precios, hecho al que hay que sumar que el Principado mantenía una independencia monetaria respecto la Monarquía Hispánica, que favoreció aun más a su economía, en general y al comercio con América, en particular.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, a Cataluña le interesó, y mucho, a nivel económico, pertenecer al Imperio Hispánico de los Habsburgo, que fue la gran potencia mundial de su tiempo.

Bibliografía

Rovira i Gómez, S.-J. (2016). Societat i Economia. [Material de classe] Història Moderna de la Corona d’Aragó. Universitat Rovira i Virgili. Març-Abril de 2016.

– Gerard Caballé Setó.

El auge de los totalitarismos de derechas en Europa: aspectos generales (1918-1936)

El auge de los totalitarismos de derechas en Europa: aspectos generales (1918-1936)

Lenin (1870-1924)
Lenin (1870-1924)

Finalizada la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Europa, pese las destrozas, en un primer momento presentó aspectos positivos, pues parecía que el parlamentarismo se imponía al autoritarismo, ya que las monarquías de los Habsburgo en el Imperio Austrohúngaro, Hohenzollern en Alemania y Romanov en Rusia habían desaparecido. Esta situación no fue nada más que un espejismo, puesto que, por ejemplo, en un futuro nada lejano, la República de Weimar alemana (1919-1933) fue devorada por el Nacionalsocialismo y Rusia por el Comunismo de Vladímir Ilitx Uliànov “Lenin” (1870-1924) y Iósif Vissariónovich Dzhugashvili “Stalin” (1878-1953), de modo que esta situación positiva de Europa en lo político no fue nada más que un espejismo, pero la Alemania de Weimar mostró como una nueva forma política, distinta de la monarquía, empezaba a tomar cuerpo en la Europa del siglo XX.

Ióssif Stalin (1878-1953)
Ióssif Stalin (1878-1953)

En la Europa de 1914 había 17 monarquías y 3 repúblicas, más bien, en 1918, 13 monarquías y 13 repúblicas, de manera que al finalizar la Gran Guerra el factor democrático había ganado terreno, pero todo se torció por el miedo, que según el Dr. Moreno Juliá es el verdadero motor de la Historia y en este caso el miedo jugó una mala pasada irradiando muchísimo la Revolución Rusa bolchevique entre la burguesía europea.

Adolf Hitler (1889-1945)
Adolf Hitler (1889-1945)

Este miedo fue el factor que facilitó el asentamiento de los totalitarismos de derechas en una Europa en la que el movimiento obrero había adoptado con mimetismo todo lo acontecido en Rusia tomando una actitud revolucionaria, por ende la burguesía empezó a considerar el ascenso de los totalitarismos de derechas como el mal menor, llegando a financiarlos en algunos casos concretos, aunque la burguesía no veía en dichos totalitarismos su sistema, ya que preferían una democracia liberal, pero el miedo a una revolución comunista en Europa les llevó a pensar que un Francisco Franco (1892-1975), Adolf Hitler (1889-1945) o Benito Mussolini (1883-1945) era un mal menor y ésto fue lo facilito la financiación burguesa de estos movimientos políticos.

Francisco Franco (1892-1975)
Francisco Franco (1892-1975)

Durante la posguerra se vivió un incremento del nacionalismo xenófobo en paralelo con un aumento del paro, pues muchas fabricas restaban destruidas. A todo esto, Italia fue tratada por los Aliados, los suyos, como escoria, dado que los británicos les prometieron muchos territorios por la entrada en la contienda y finalmente solamente recibieron ¼ parte de lo prometido y Alemania quedó tocada de muerte por el Tratado de Versalles (1919), pues ésta se quedó sin locomotoras ni barcos y con una deuda de 132 millones de marcos en oro, por la que se le ofreció la posibilidad de pagarla, cómodamente, en 42 anualidades.

Benito Mussolini (1883-1945)
Benito Mussolini (1883-1945)

Por otra parte, la liquidación del Imperio Austrohúngaro generó nuevas realidades políticas como Yugoslavia y Checoslovaquia, que nacieron con graves problemas étnicos en su interior y, evidentemente, la Gran Depresión de la década de los 30 del siglo XX, iniciada por el Crac del 29, fue un problema muy grave para esta Europa que, entre 1930 y 1931, vivió una enorme descapitalización a consecuencia de dicha depresión, que se llevó por delante, económicamente, a Europa.

Todo esto llevó a que Europa viviera la instauración de 16 dictaduras entre los años 1922 y 1936, apareciendo así el Nacionalsocialismo de Adolf Hitler, el fascismo de Benito Mussolini y el Nacionalcatolicismo de Francisco Franco. En este punto cabe decir que generalizar los totalitarismos de derechas con el término “Fascismo” es un grave error muy común, pues, en realidad, los tres regímenes mantienen notables diferencias.

Este acontecimiento, pasar de 0 a 16 dictaduras en Europa en tan solo en 14 años, provocó, evidentemente, una grave crisis del modelo parlamentario provocada por el miedo de la burguesía al comunismo soviético, repercusiones psicológicas y sociológicas de la Primera Guerra Guerra Mundial, resentimiento italiano y alemán con los tratados de paz, luchas étnicas por el poder en Yugoslavia y Checoslovaquia y, finalmente, por la Gran Depresión económica.

Ionannis Metaxàs (1871-1941)
Ionannis Metaxàs (1871-1941)

En estos años, Europa vivió la marcha sobre Roma de Mussolini en 1922, el ascenso de Hitler al poder en 1933, el golpe de estado militar en España en 1936 y el golpe de estado del general Ionannis Metaxàs (1871-1941) que, sumados a otros procesos, provocaron la instauración de estas 16 dictaduras en Europa.

Como se ha apuntado anteriormente, detrás de estas dictaduras se encontraba una burguesía atemorizada frente una inminente rebelión proletaria inspirada en el bolchevismo ruso en un contexto europeo convulso, pues hubo varias revoluciones como fueron los casos de la Revolución de Noviembre en Alemania entre 1918 y 1919, la revolución de 1919 en Hungría que originó la efímera República Soviética Húngara, que fue más comunista que la propia URSS y la Revolución Social Española de 1936.

Este escenario europeo provocó que la burguesía tuviera miedo y frente éste se hace lo que sea necesario para combatirlo y esto fue lo que llevó a la burguesía a pactar con los totalitarismos de derechas para así abortar una posible revolución soviética en Europa.

Finalmente, cabe apuntar un hecho muy importante en el devenir de las dictaduras, pues estos totalitarismos, por ser tales, llevaban inherente un punto de política social, dado que se le arrebataba a la sociedad la posibilidad de votar, manifestarse, hacer huelgas, etc., y, por esto, se compensaba a ésta con otros elementos y ejemplo de ésto es la instauración del seguro por enfermedad y paro por parte de Franco, ya que la democracia puede ser tirana con los trabajadores y los dictadores deben comprar el silencio de las masas y esto explica que estas 16 dictaduras se estabilizaran en Europa, hasta al punto que, por ejemplo, Mussolini fue aclamado por la sociedad hasta octubre de 1934, año en que cayó en desgracia por su flirteo a Hitler, pues las adscripciones de la masa son modificables en base las conjeturas.

Bibliografía

Moreno Juliá, X. (2016). “El periodo de entreguerras (1918-1939)“. [Material de clase] Historia Contemporánea. Universidad Rovira i Virgili [Abril de 2016].

– Gerard Caballé Setó.

Historia Mínima de Cataluña (Jordi Canal)

Historia Mínima de Cataluña (Jordi Canal)

Canal, J. (2015). Historia Mínima de Cataluña. Madrid: Turner Publicaciones, 300 págs.

Jordi Canal Morell
Jordi Canal Morell

El doctor en Historia Jordi Canal Morell nació en Olot (1964) y, actualmente, es profesor de la  École des hautes études en sciences sociales de París y hasta 2001 lo fue de la Universitat de Girona, siendo sus principales líneas de investigación el Carlismo y Cataluña, de las que se pueden destacar los libros El Carlismo. Dos siglos de contrarrevolución en España (2000), Banderas blancas, banderas rojas. Una historia política del Carlismo, 1876-1939 (2006), La historia es un árbol de historias. Historiografía, política, literatura (2014) y, evidentemente, la presente obra, Historia mínima de Cataluña (2015) y también ha coordinado Los éxodos políticos en la Historia de España, siglos XV-XX (2007), Histoire de l’Espagne contemporaine de 1808 à nos jours (2009-2014) y Guerra de ideas. Política y cultura en la España de la Guerra de la Independencia (2011), junto a Pedro Rújula. Actualmente, Canal está dirigiendo la que será una magna obra: España, 1808-2010 en seis volúmenes.

Agustí Calvet Pascual "Gaziel" (1887-1964)
Agustí Calvet Pascual “Gaziel” (1887-1964)

Jordi Canal, también otros historiadores como Roberto Fernández Díaz, defiende que el deber de todo historiador es aproximarse a la objetividad tanto como sea posible y Agustí Calvet Pascual “Gaziel” (1887-1964) apuntó en relación a este tema que la Història de Catalunya de Ferran Soldevila (y añade Canal en su valoración las de Víctor Balaguer, Sobrequés y Fontana) no es una historia de Cataluña, sino del sueño de Cataluña, de manera que constituyen un relato de lo que debería haber sido Cataluña, aplicando invenciones contemporáneas en el mundo del pasado como nación, estado, confederación catalano-aragonesa, etc., y Jordi Canal intenta escribir una historia de Cataluña que no sea ni nacional ni nacionalista, alejándose así del terreno político, que no debería entrometerse en la Historia.

Jordi Canal también defiende que todas las historias nacionales, sean de donde sean, construyen una historia mítica del país en cuestión, justificando su pasado y trazando un camino de futuro. Canal también destaca que en Catalunya se hizo un esfuerzo para transmitir una historia normal en tiempos de Vicens Vives, en la Transición y en los años 80, pero que a partir de los 90 la Historiografía Catalana  hizo pasos atrás volviendo a una Historia comprendida con país de hoy y sus intereses políticos, de manera que esta se ha puesto al servicio del Procés, abandonando así el rigor.

Logotipo del Tricentenari
Logotipo del Tricentenari

Hablando de Historia de Cataluña es inevitable hablar del Tricentenario y sobre éste Canal defiende que el objetivo de éste era poner la Historia al servicio de un proyecto político sin una voluntad de explicar lo que pasó y prueba de ello es que no se puso ningún historiador en los cargos de comisario y Canal recuerda que la guerra de 1714 es muy complicada y compleja, con catalanes en los dos bandos y que no sirve para conmemorar.

Logotipo del Memorial Democràtic
Logotipo del Memorial Democràtic

Por otra parte, respecto al Memorial Democràtic, Canal apunta que éste ha servido para trabar clientelas, derrochar dinero y todo imponiendo una visión única y maniquea de la Historia catalana del siglo XX, con el problema que el debate sobre lo que significó la Segunda República Española (1931-1939), la Guerra Civil (1936-1939) y el Franquismo (1939-1975) no está resuelto y con el Memorial se impone una interpretación profundamente dogmática.

Sobre la objetividad de la Historia en Cataluña, Canal señala que vivimos tiempos complicados que contaminan el discurso del historiador, pero que la labor de éste debería ser la de poner orden y escribir relatos los más ajustados posibles a lo que pasó, haciendo el esfuerzo de no ponerse al servició de la causa nacionalista ni ninguna otra causa, ya que poner la Historia al servicio de algo constituye una prostitución de la profesión y ésta tiene que volver a ser dignificada, puesto que los historiadores actuales han dejado de lado el espíritu crítico y hay que volver a explicar y hacer comprender el pasado.


“Es necesario poner las cartas sobre la mesa y una de las claves del oficio de historiador es ser críticos, desmontar mitos, lo que no impide que, como ciudadano, pueda pensar lo que quiera y comprometerme con quien quiera. Hay que intentar escribir la historia lo más objetiva posible y más en una sociedad muy enferma del pasado como es la catalana, que lo utiliza para fundamentar aspiraciones del presente”.

– Jordi Canal.


En lo que a contenido se refiere, Jordi Canal nos presenta una Historia de Cataluña que, para ser más exactos, habría que referirse a ésta como la Historia del territorio que hoy en día se conoce como Cataluña, pues ésta, como toda entidad política, no ha existido siempre y éste es uno de los principales temas que aborda el libro, el nacimiento de Cataluña que Canal sitúa temporalmente en el siglo XII, pues en este siglo existe un territorio que se construye de manera similar a lo que es hoy Cataluña, aunque de este territorio no formaban parte ni Lleida ni Tortosa, aún en manos musulmanas en este tiempo.

Retrato imaginario de Ramon Muntaner (1265-1366)
Retrato imaginario de Ramon Muntaner (1265-1366)

Por otra parte, la aparición de Cataluña como nación ya es otro tema, pues no hay naciones hasta la Época Contemporánea, apunta Canal, y éstas empiezan a formarse a finales del siglo XIX y se asientan plenamente entrados en el siglo XX y el término “nación” en anterioridad a estos tiempos no tiene ningún significado político, pues se refiere, únicamente, a la gente que nacía en un lugar determinado o que hablaban un mismo idioma: ésta era la nación del cronista Ramon Muntaner (1265-1336).

En referencia al término “nación”, Canal expone que el problema es que, tanto la historiografía como los políticos catalanes argumental que Cataluña es una nación des de hace más de mil años para reclamar unos derechos de un problema político actual, entrando así en un juego perverso, el mismo que también usa el nacionalismo español. Antes de 1714 (ni después tampoco, aún faltaban unos siglos para esto) no existía una nación catalana como se entiende ahora, había una entidad, que junto con otras formaba parte de una monarquía.

Otro gran tema que aborda la obra de Canal es la Guerra Civil Española que, como apunta el historiador, ésta no constituyó una guerra contra Cataluña, sino un abrazo mortal entre catalanes que quedaron divididos en los dos bandos de la guerra, pues éste problema: ¿Qué es España y cómo se organiza? es una cuestión que hoy en día aun está sin resolver y ha estado siempre en un primer plano en todos los conflictos de los siglos XIX y XX y que con el Estado de las autonomías se había encontrado una primera solución, pero que, actualmente, ya es caduca y se necesitan nuevos esfuerzos en este sentido.

En definitiva, Historia mínima de Cataluña es un libro de Historia en mayúsculas, pues el autor en éste se aleja de toda contaminación política y construye un relato muy fidedigno al pasado de Cataluña, siendo éste un trabajo histórico que busca explicar y hacer entender sin adoctrinar y Canal lo hace en un momento en el que las opciones de pensamiento se encuentran muy polarizadas, hecho que permite hablar de este libro como provocador aunque, realmente, constituye un llamamiento a la cordura histórica, siendo ésta una lectura muy recomendada para un amante verdadero de la Historia verdadera.

– Gerard Caballé Setó.

El sitio de Barcelona en 1714

El sitio de Barcelona en 1714

1. El fin de las hostilidades internacionales y el mantenimiento de las internas

Felipe V de España (1683-1746)
Felipe V de España (1683-1746)
Luis XIV de Francia (1638-1715)
Luis XIV de Francia (1638-1715)

Retirados los aliados de la Península, la Guerra de Sucesión Española (1701-1713/15) se convirtió en un conflicto bélico exclusivamente hispánico en el que ni las ofertas de amnistía ni privilegios económicos ofrecidos a los catalanes ni las presiones de Luis XIV (1638-1715) sobre su nieto para que adoptase una cierta flexibilidad hacia el Principado no tuvieron ningún efecto sobre ninguno de los dos, puesto que los catalanes no estaban dispuestos a ceder y Felipe V (1683-1746) nunca perdonó el viraje catalán de 1704-1705, hecho que consideraba un delicto de traición.

Los combates siguieron en tierras catalanas y las tropas del borbón avanzaban victoria tras victoria y era julio de 1713 cuando ocuparon Tarragona y Barcelona fue invitada a rendirse, hecho que se debatió en la Junta de Braços, que decidió por 78 votos contra 45 continuar la guerra. Cabe recordar que en ese momento no existía un proyecto anti-español, pero si una autosuficiencia basada en las leyes y constituciones y frente la amenaza de perder éstas y de la más que probable represión implacable de Felipe V comportó, en última instancia, la resistencia a ultranza de Barcelona.

2. El sitio de Barcelona en 1714: la resistencia austriacista

Comandante Antonio de Villarroel (1656-1726)

El sitio de Barcelona en 1714 por parte de las tropas borbónicas duró 14 meses, finalizando en setiembre de dicho año y este de produjo con una diferencia abismal en las fuerzas: 40.000 borbónicos frente 5.500 catalanes, que lucharon bajo las órdenes del conseller en cap de la Generalitat, Rafael Casanova y del comandante Villarroel, que lideraron la resistencia numantina de Barcelona, donde también tuvieron una gran importancia los religiosos, que promovieron una religiosidad exacerbada, barroca y contrarreformista a lo largo de la contienda.

Rafael Casanova (1660-1743) cayendo herido. Onze de setembre de 1714, Antoni Estruch (1909)
Rafael Casanova (1660-1743) cayendo herido en el centro del óleo. Onze de setembre de 1714, Antoni Estruch (1909)

Finalmente, llegada la capitulación de la ciudad de Barcelona el día 11 de setiembre de 1714 y hechos los cálculos pertinentes, hubo unas 7.000 bajas catalanas y 14.000 borbónicas.

3. El devenir de las decisiones y postulados catalanes en la Guerra de Sucesión

El decreto de Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña fue promulgado por Felipe V en dicho territorio el 16 de enero de 1716 por el cual quedaron abolidas las leyes y constituciones propias de Cataluña, de manera que quedaba liquidada la Monarquía Hispánica compuesta de los Habsburgo y se formaba una nueva estructura política conocida como España, siendo este paso una evolución lógica hacia una forma absolutista de poder, la dominante en la Europa de esos tiempos.

Portada del Decreto de Nueva Planta para Cataluña promulgado por Felipe V
Portada del Decreto de Nueva Planta para Cataluña promulgado por Felipe V

Felipe V nunca se habría atrevido a derogar las leyes e instituciones catalanes sin una guerra, prueba de ello es que la mayoría de los monarcas Habsburgo hispánicos habían intentado homogeneizar las leyes e instituciones de sus reinos pero sin suerte y Felipe V era muy consciente de esta realidad y prueba de esto fueron las Cortes de Barcelona de 1701, que estuvieron presididas por un clima de entendimiento entre el borbón y los catalanes, de manera que el rey juró las leyes  constituciones catalanas y las cortes le respondieron con un generoso donativo.

Archiduque Carlos de Habsburgo (1685-1740)

Esta situación evidencia que el nuevo rey católico, consciente de la realidad de la Monarquía Hispánica, quería mantener buenas relaciones con los reinos que formaban ésta y sin la contienda bélica la unificación total de los reinos peninsulares no habría sido posible y los catalanes, visto con la perspectiva del tiempo, fueron víctimas de una fatal y equivocada decisión: traicionar Felipe IV de Aragón, rey legítimo y aceptado por las propias cortes que, pocos años después apoyarían al archiduque Carlos (1685-1740).

Felipe V vio en la traición de los catalanes la excusa perfecta para poder conseguir el que era el objetivo principal de todas las monarquías europeas: la consecución de un poder absoluto en manos el rey y, en el caso español, esta homogeneización se haría a la castellana, es decir, las costumbres, leyes e instituciones castellanas serían el vehículo de la unificación.

Las tropas borbónicas entrando en Barcelona el día 11 de setiembre de 1714.

De Felipe V cabe destacar un aspecto peligroso y no es otro que el resentimiento que sentía hacia los catalanes por su traición y éstos sentían que sus leyes e instituciones propias del Principado vivirían pronto su desaparición debido la propia evolución de los hechos y optaron por resistir hasta límite para intentar salvar este orden jurídico-institucional que regía el territorio des de hacía siglos.

En conclusión, la resistencia de Barcelona de 1714 fue la consecuencia de una fatal decisión que, en última instancia, provocó la derogación de las leyes e instituciones catalanas, aunque Felipe V tampoco cedió en su empeño, prueba de ello es el hecho que el propio Luis XIV intentó apaciguar, en vano,  los ánimos de venganza de su nieto, pero la cuestión es que nunca se sabrá que hubiera pasado si los catalanes se hubiesen mantenido fieles a Felipe V.

4. Bibliografía 

Canal, J. (2015). Historia Mínima de Cataluña. Madrid: Turner Publicaciones.

Fernández Díaz, R. (2014). Cataluña y el Absolutismo Borbónico: Historia y Política. Barcelona: Editorial Crítica.

Kamen, H. (1974). La Guerra de Sucesión en España (1700-1715). Barcelona: Grijalbo.

– Gerard Caballé Setó.

Los catalanes durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1713/15)

Los catalanes durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1713/15)

1. El advenimiento de la guerra y la llegada al trono hispánico de Felipe de Borbón

La Guerra de Sucesión Española (1701-1713/15) fue una un conflicto bélico internacional, más que una guerra propia de Las Españas.

Carlos II de la Monarquía Hispánica (1661-1700)

Carlos II (1661-1700), el último Habsburgo hispánico, llegó al final de sus días sin descendencia alguna, hecho que convirtió el aún poderoso Imperio Hispánico en un botín de gran deseo para la gran mayoría de monarquías europeas.

José Fernando de Baviera (1692-1699)

Este deseo de reparto del Imperio llevó a las principales potencias europeas, entre ellas, Francia, Gran Bretaña y Sacro Imperio a acordar en el año 1696 y de acuerdo con Carlos II la sucesión a favor de un príncipe de segundo orden, José Fernando de Baviera (1692-1699), para así mantener un equilibrio de fuerzas en el tablero europeo, obsesión política a lo largo de toda la Historia de Gran Bretaña, que en este caso servía para que ni Francia ni el Sacro Imperio formasen un poderoso Imperio que amenazara este equilibrio.

El destino siempre es incierto y este pacto quebró un año antes de la muerte del rey católico, en 1699, por la defunción prematura del príncipe bávaro, hecho que sacó a la luz los deseos del Sacro Imperio y franceses para hacerse con el control de la Monarquía Hispánica y las desazones de una Gran Bretaña que había visto derrumbado sus deseos de equilibrio, cúmulo de deseos y ambiciones que constituyen el preludio de la inminente guerra.

Abierto el conflicto sucesorio, Luis XIV (1638-1715) presentó un candidato a la sucesión hispánica, Felipe de Borbón (1683-1746), duque de Anjou, su nieto, que también era sobrino del propio Carlos II, dado que era hijo de la infanta María Teresa de Austria (1638-1683), hermana del rey católico y éste sería el designado como sucesor por el monarca hispánico en su nuevo testamento de 3 de octubre de 1700. Por su parte, el Sacro Imperio de Leopoldo I (1640-1705) presentó como candidato a la sucesión hispánica al archiduque Carlos de Habsburgo (1685-1749) que, evidentemente, no recibió el amparo de Carlos II.

Felipe V (1683-1746)
Felipe V de España (1683-1746)

Toda vida llega a su fin y la de Carlos II se apagó el día 1 de noviembre de 1700 y su heredero, Felipe de Borbón, puso rumbo a las Españas, llegando en 1701 y siendo proclamado rey de Castilla como Felipe V, hecho que fue aceptado por todas las monarquías europeas exceptuando el Sacro Imperio, que se guardaba sus reservas con respecto el nuevo monarca hispánico.

Luis XIV de Francia (1638-1715)

Cabe recordar que Felipe V era nieto de Luis XIV de Francia, el rey absoluto por antonomasia que, en 1701, llevaba en su haber 58 años de reinado, siendo uno de los monarcas más poderosos de su tiempo y éste con su nieto Felipe formaron un eje hispano-francés por el que la Monarquía Hispánica concedió importantes privilegios comerciales a Francia en la América Española y el monopolio sobre la importación de esclavos, formándose así un más que claro y evidente  entendimiento hispano-francés, que incomodó a varias potencias europeas.

Leopoldo I del Sacro Imperio (1640-1705)

Este eje, junto con las pretensiones imperialistas de Luis XIV, desazonaron a Gran Bretaña, Portugal, Sacro Imperio y Provincias Unidas, que formaron una coalición contra los borbones conocida como la Gran Alianza de la Haya (1701), pero los hechos se precipitaron cuando el emperador Leopoldo I de Habsburgo reclamó los derechos de su casa real sobre la Corona Hispánica declarando, en consecuencia, la guerra a los borbones en mayo de 1702.

2. El inicio de reinado de Felipe IV de Aragón en Cataluña

Volviendo en territorio hispánico, Felipe era rey de Castilla, pero aun no del Reino de Aragón y, por consiguiente, el monarca se desplazó al Principado para jurar las leyes y constituciones de Cataluña siendo reconocido como rey Felipe IV de Aragón el 3 de octubre de 1701.

El día 12 del mismo mes y año, Felipe IV (V de Castilla), convocó cortes en Cataluña cuando hacía más de 70 años que no se había producido tal convocatoria y, en consecuencia, ésta era un buen presagio para los catalanes respecto al reinado del nuevo monarca.

En estas Cortes de Barcelona de 1701 se aprobaron medidas muy favorables para el Principado catalán y, en especial, para la burguesía mercantil y por esto los catalanes correspondieron al rey con un generoso donativo para las arcas reales, de manera que el reinado de Felipe de Borbón no podía empezar de mejor manera en lo que a los intereses de los habitantes del Principado se refiere, que se deshicieron en elogios a Felipe IV.

3. La guerra y la formación de la oposición austriacista a Felipe V

Archiduque Carlos de Habsburgo (1685-1740)

Internacionalmente, la guerra había empezado y en Cataluña, resto de la Corona de Aragón y Castilla se formaron los primeros pequeños núcleos austriacistas y en setiembre de 1703, el archiduque Carlos de Habsburgo fue declarado sucesor de Carlos II y en marzo de 1704 los aliados desembarcaron en Lisboa ocupando, poco después, Gibraltar, empezando así las hostilidades en territorio peninsular.

En Cataluña, los ánimos se empezaron a caldear, debido a unas primeras promesas de los aliados a la burguesía mercantil y al grupo de los vigatans, que se mostraron a favor de la candidatura del archiduque Carlos.

En este punto, cabe destacar y resulta básico comprender que el respeto a las leyes y constituciones no era un hecho decisivo en el conflicto y, en cambio, si lo fue la francofobia extendida por el Principado, como también la opción austriacista de los eclesiásticos, que jugaron un papel decisivo en la configuración del apoyo mayoritario catalán al archiduque Carlos, en lo que sería una traición a Felipe V.

Llegados a este punto es importante destacar que la sociedad catalana no estuvo unida contra Felipe V; en la Historia no es todo blanco o negro, sino que ésta está compuesta por distintos matices de grises y la sociedad catalana vivió enfrentamientos internos, ya que, lógicamente, también existían en ella los que se mantuvieron fieles a Felipe V.

El rey rival Carlos III desembarcó en el Principado y nada más llegar empezó a engordar sus partidarios con títulos nobiliarios y en las Cortes de Barcelona (1705-1706) confirmó todas las concesiones que había hecho Felipe V y añadió de nuevas que reforzaban el pactismo catalán y los intereses burgueses.

De esta manera, Carlos III se aseguraba firmemente unos partidarios y los catalanes se posicionaban claramente en la guerra y lo hacían decididamente en el bando del rey rival Carlos III de la Casa de Habsburgo.

4. El giro de la guerra y el olvido internacional austriacista de Cataluña

José I del Sacro Imperio (1678-1711)

Era 1711 cuando la guerra vivió un giro importante con la muerte del emperador José I (1678-1711), que heredó en 1705 el Sacro Imperio de Leopoldo I. Esta muerte convirtió el archiduque en el nuevo emperador Carlos VI del Sacro Imperio y las potencias aliadas vieron con mucho más recelo un posible eje hispano-austriaco y con los tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714) se puso fin al conflicto internacional y Felipe fue reconocido rey de España y de las Indias, previa renuncia del rey español al trono francés.

Esta situación tuvo como consecuencia que los catalanes se convirtieran en los grandes olvidados, ya que fueron olvidados por los aliados y por el propio archiduque Carlos, que dejó a su mujer, Isabel Cristina de Brunswick (1691-1750), en Barcelona hasta 1713 en lo que constituyó un simulacro de continuidad de su olvidado reinado, ya que, siendo emperador del Sacro Imperio, poco interés tuvo el archiduque en alargar la contienda española.

Esta deriva de 1711 es, por si misma, una evidencia de que los catalanes fueron usados como peones de los intereses aliados en la Guerra de Sucesión, puesto que cuando interesó dotar al archiduque de apoyos peninsulares se ofrecieron a los catalanes unas jugosas recompensas, pero con el giro de los acontecimientos éstos fueron abandonados y traicionados, dejándolos solos delante de un Felipe V muy resentido por la traición a su persona de los catalanes en las cortes de 1704-1705.

5. Bibliografía 

Canal, J. (2015). Historia Mínima de Cataluña. Madrid: Turner Publicaciones.

Fernández Díaz, R. (2014). Cataluña y el Absolutismo Borbónico: Historia y Política. Barcelona: Editorial Crítica.

Kamen, H. (1974). La Guerra de Sucesión en España (1700-1715). Barcelona: Grijalbo.

– Gerard Caballé Setó.

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