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Felipe II, el duque de Alba y la Leyenda Negra

Felipe II, el duque de Alba y la Leyenda Negra

Felipe II (1527-1598)
Felipe II (1527-1598)

Felipe II (1527-1598) fue, sin lugar a dudas, un rey polémico, pues sus contemporáneos fueron, mayoritariamente, muy críticos con él, dado que no lo veían con buenos ojos y, por otra parte, los historiadores, durante muchos años, han trabajado el rey con juicios y valoraciones muy negativas, conque los factores contemporáneos y historiográficos se unen en contra de su figura.

Esta situación generalizada negativa de Felipe II se debe, en gran medida, a la Leyenda Negra, una creación artificial, que no responde, evidentemente, a la realidad en su totalidad, pues en gran parte es ficticia. En definitiva, la Leyenda Negra es, en el fondo, un corpus teórico que concentra todo el odio que cayó encima de la Monarquía Hispánica y de manera más concreta sobre su soberano: Felipe II.

Tercer duque de Alba (1507-1582)

Cabe recordar que el principal y más fiel general que tubo Felipe a sus órdenes fue Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1507-1582), más conocido por su título nobiliario: el tercer duque de Alba, un militar ya bregado con Carlos V (1500-1558) en la batalla de Pavía donde ganó a los franceses, en Túnez contra los turcos y en Alemania, donde fue uno de los protagonistas de la victoria de Mühlberg en el año 1548, en la que el catolicismo consiguió su gran victoria frente el protestantismo, de modo que con Felipe II, el gran duque de Alba ya era un hombre, por así decirlo, fogueado.

Guillermo de Orange-Nassau (1533-1568)

Era 1581, cuando Guillermo de Orange-Nassau (1533-1584) publicó Apología, el primer elemento de la Leyenda Negra, donde atacaba Felipe con varias acusaciones, como las de incesto, por haberse casado con Ana de Austria (1549-1580), que era sobrina suya, de asesino, por haber matado, supuestamente, a su tercera esposa, Isabel de Valois (1546-1568) y a su hijo, el príncipe heredero Carlos (1545-1568) y de más que asesino, pues lo hizo responsable de los miles de muertos habidos en las Américas.

Nada dice lo escrito sin su contexto y éste no es otro que el hecho que Guillermo de Orange-Nassau había sido condenado al exilio por sus aceres, como también confiscados la totalidad se sus bienes, de modo que Guillermo era un hombre resentido con el rey y no se pudo estar de hacer un retrato parecido de su fiel servidor, el tercer duque de Alba, del que dijo que era el perro de caza del rey y un expoliador y asesino obseso.

Antonio Pérez de Hierro (1540-1611)

El otro elemento clave de la Leyenda Negra llegó en 15894 de la mano de Antonio Pérez de Hierro (1540-1611), secretario de estado de Felipe II, que publicó las conocidas como Relaciones, en un momento el que había huido de la Corte, pues había sido acusado de un asesinato y, quizás más importante, en un momento en el que hacía poco que había recibido una sustanciosa ayuda económica de Isabel I de Inglaterra (1533-1603) para escribir las Relaciones.

Estos dos personajes fueron los que asentaron los fundamentos de la Leyenda Negra, que llegó, propiamente, con los miles de panfletos que afianzaron un antihispanismo muy radical en el norte europeo, en parte, gracias a que su contenido era mayor en dibujos que en letras.

A Felipe II también se le sumó en su contra otro elemento más sutil: el hecho que su padre Carlos V solamente se casó una vez y él hasta cuatro veces con María Manuela de Portugal (1527-1545) en 1543, María I de Inglaterra (1516-1558) en 1554, gracias a la cual Felipe fue rey de Inglaterra cuatro años, Isabel de Valois en 1559 y Ana de Austria en 1570.

El historiador Henry Kamen (1936-…)

A todo esto, Henry Kamen en Del Imperio a la decadencia; los mitos que forjaron la España Moderna (2006) dice que ensuciar la figura de Felipe II era hacer lo mismo con el Imperio Hispánico; el estado más poderoso de ese tiempo y de toda la Historia de la Humanidad.

Henry Kamen también apunta que Felipe era, por la fuerza, enemigo de Francia, Inglaterra, Países Bajos del Norte, protestantes alemanes, Imperio Otomano, italianos nacionalistas y, en algunos momentos, hasta del propio Papado.

Ser rey e la Monarquía Hispánica quería decir tener todo este bloque en contra y todos ellos, evidentemente, contribuyeron a gestar y difundir una imagen negativa, casi destructiva del rey y de manera especial esto lo hicieron los ingleses.

Por otra parte, en el año 1591, en Zaragoza, empezó a circular un pasquín, un escrito de sátira política, que cualificaba a Felipe textualmente de tirano.

Por otra parte, para analizar el odio y la tirria contra el gran duque de Alba hay que fijarse con la iconografía, que no fue nada misericordiosa con él, pues Pieter Brueghel (1525-1569), en su cuadro de la matanza de los santos inocentes de Belén muestra una figura humana de un hecho muy siniestro que correspondería al duque de Alba contemplando la ejecución de unos niños. También se puede encontrar una estampa donde aparece Fernando Álvarez de Toledo sentado en un trono con un niño a las manos a punto de comérselo vivo y a sus pies un montón de cadáveres decapitados y, finalmente, un grabado que muestra el duque siendo coronado por el diablo.

Esta iconografía iba acompañada de un relato oral en los Países Bajos que se ha afianzado casi hasta la actualidad, por el que las madres cuyos hijos no querían comer los amenazaban con que llamarían al duque de Alba si no lo hacían y estas madres, sin pretenderlo, hacían una severa transmisión ideológica.

En todo caso, esto constituye una leyenda, oral e iconográfica, que configuró una imagen del duque ensuciada por la sangra y dañada por el ejercicio de la tiranía pero todo historiador, bueno en su trabajo y libre de toda influencia ideológica, entrevé, rápidamente, que esto es el objeto de la teoría del chivo expiatorio, pues esta fue una época de guerras, revueltas, represión, etc., teniendo en cuenta que toda leyenda es en parte realidad, pero también, y en mayor medida, está llena de falsedades.

Estas falsedades se confirmaron en el año 1952, cuando Jacobo Fitz-James Stuart Falcó (1901-1953), decimoséptimo duque de Alba, publicó el libro Epistolario del tercer duque de Alba, que reproducía 2714 cartas escritas por el mismo duque entre los años 1536 y 1581 y con la publicación de éstas empezó a producirse un replanteamiento radical de la figura del duque.

Erasmo de Rotterdam (1466-1536)

Actualmente, según la historiografía seria, el tercer duque de Alba está considerado como un hombre de gran inteligencia, por lo menos a la hora de plantar batallas, pues el Gran Duque se dirigía a sus soldados como nobles señores y él, como general de sus ejércitos, consiguió que lo respetasen por ítem positivo y las batallas dirigidas por el duque tenían dos características básicas: velocidad y efectividad, pues una de las máximas del duque era terminar éstas con el menor número de bajas humanas posibles, de manera que sus campañas debían ser rápidas y contundentes.

Juán Boscán (1490-1542)

Álvarez de Toledo también fue un hombre muy severo frente la indisciplina, no solo militar, sino también humana, pues el duque hacía colgar los soldados, fuese cual fuese su rango, culpables de robo a campesinos y, finalmente, cabe destacar que el duque de Alba también fue un hombre culto, pues en una época de analfabetismo dominaba, a la perfección, francés, italiano, alemán y leía Tácito en latín. Su maestro fue el poeta catalán Juan Boscán (1490-1542) y fue un amigo entrañable de Erasmo de Rotterdam (1466-1536).


“Nadie es profeta de su tierra”

– Jesucristo.


Bibliografía

Moreno Juliá, X. (2015). “La Europa del siglo XVI“. [Material de clase] Historia de Europa. Universitat Rovira i Virgili [Octubre de 2015].

– Gerard Caballé Setó.

La economía catalana en el Imperio Hispánico de los Habsburgo

La economía catalana en el Imperio Hispánico de los Habsburgo

Carlos V (1500-1558)
Carlos V (1500-1558)

La economía catalana des de los tiempos del emperador Carlos V (1500-1558) y sus descendientes, como en muchos otros momentos de la Historia, pasó por sus más y por sus menos por factores internos del Imperio, como también exteriores, que favorecieron y debilitaron la economía catalana, como también la de otros territorios del Imperio, pues una de las máximas de la economía es su evolución según las tendencias, que son modificables con el paso del tiempo.

Carlos V, en sus momentos iniciales de reinado, estableció una política de protección económica respecto Cataluña, que resultó claramente favorecida en deprimente de los intereses de los territorios italianos de la Corona, pero llegados a los años 1528-1529, el emperador necesitó de la ayuda de los genoveses en cuestiones imperiales y esto le llevo a retirar esa política proteccionista que favorecía, económicamente, a Cataluña. Esto no es nada más que una evidencia de estos cambios de ciclos propiciados, en este caso, por factores políticos.

Por otra parte, si alguna cuestión marco la vida del emperador Carlos V, ésta fue, sin lugar a dudas, la guerra; infinitas guerras a las que tubo que hacer frente Habsburgo hispánico, factor que, evidentemente, afectó irremediablemente la economía y el comercio de toda Europa.

Hablando de la realidad económica del Imperio Hispánico de los Habsburgo es imprescindible referirse a la gallina de los huevos de oro de éste: el comercio con América, aunque la mayoría de los intereses económicos de los territorios que integraban la Corona de Aragón, caso de Cataluña, se encontraban en el Mediterráneo, zona en la que Cataluña centró gran parte de sus empeños comerciales.

Ahora bien, centrándose en la cuestión americana, el comercio con estas colonias se encontraba restringido a unos pocos y determinados puertos y este hecho ha sido utilizado la historiografía nacionalista para justificar que a Cataluña le perjudicó, económicamente, pertenecer al Imperio Hispánico, sin embargo, la realidad era otra muy distinta a la proyectada por los historiadores de dicha corriente, pues aunque los lugares autorizados para comerciar con América estaban, efectivamente, restringidos, no lo estaban las personas y como dice el dicho, hecha la ley, hecha la trampa, de modo que muchos comerciantes catalanes se fueron con sus mercaderías a estos puertos autorizados y des de éstos comerciaron tranquilamente y sin problema alguno con América, así que Cataluña sacó un más que provechoso rédito económico de dichas transacciones comerciales.

Alexander Hamilton (1755-1804)

Asimismo, según la teoría económica de Alexander Hamilton (1757-1804) los precios son más altos en las zonas que generan más riqueza, posición que, en este caso, correspondía a Castilla y no a Cataluña, de modo que los castellanos tenían un 45% más de costes de producción respecto los catalanes, que disfrutaron de una mayor competitividad comercial con sus precios, hecho al que hay que sumar que el Principado mantenía una independencia monetaria respecto la Monarquía Hispánica, que favoreció aun más a su economía, en general y al comercio con América, en particular.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, a Cataluña le interesó, y mucho, a nivel económico, pertenecer al Imperio Hispánico de los Habsburgo, que fue la gran potencia mundial de su tiempo.

Bibliografía

Rovira i Gómez, S.-J. (2016). Societat i Economia. [Material de classe] Història Moderna de la Corona d’Aragó. Universitat Rovira i Virgili. Març-Abril de 2016.

– Gerard Caballé Setó.

El sitio de Barcelona en 1714

El sitio de Barcelona en 1714

1. El fin de las hostilidades internacionales y el mantenimiento de las internas

Felipe V de España (1683-1746)
Felipe V de España (1683-1746)
Luis XIV de Francia (1638-1715)
Luis XIV de Francia (1638-1715)

Retirados los aliados de la Península, la Guerra de Sucesión Española (1701-1713/15) se convirtió en un conflicto bélico exclusivamente hispánico en el que ni las ofertas de amnistía ni privilegios económicos ofrecidos a los catalanes ni las presiones de Luis XIV (1638-1715) sobre su nieto para que adoptase una cierta flexibilidad hacia el Principado no tuvieron ningún efecto sobre ninguno de los dos, puesto que los catalanes no estaban dispuestos a ceder y Felipe V (1683-1746) nunca perdonó el viraje catalán de 1704-1705, hecho que consideraba un delicto de traición.

Los combates siguieron en tierras catalanas y las tropas del borbón avanzaban victoria tras victoria y era julio de 1713 cuando ocuparon Tarragona y Barcelona fue invitada a rendirse, hecho que se debatió en la Junta de Braços, que decidió por 78 votos contra 45 continuar la guerra. Cabe recordar que en ese momento no existía un proyecto anti-español, pero si una autosuficiencia basada en las leyes y constituciones y frente la amenaza de perder éstas y de la más que probable represión implacable de Felipe V comportó, en última instancia, la resistencia a ultranza de Barcelona.

2. El sitio de Barcelona en 1714: la resistencia austriacista

Comandante Antonio de Villarroel (1656-1726)

El sitio de Barcelona en 1714 por parte de las tropas borbónicas duró 14 meses, finalizando en setiembre de dicho año y este de produjo con una diferencia abismal en las fuerzas: 40.000 borbónicos frente 5.500 catalanes, que lucharon bajo las órdenes del conseller en cap de la Generalitat, Rafael Casanova y del comandante Villarroel, que lideraron la resistencia numantina de Barcelona, donde también tuvieron una gran importancia los religiosos, que promovieron una religiosidad exacerbada, barroca y contrarreformista a lo largo de la contienda.

Rafael Casanova (1660-1743) cayendo herido. Onze de setembre de 1714, Antoni Estruch (1909)
Rafael Casanova (1660-1743) cayendo herido en el centro del óleo. Onze de setembre de 1714, Antoni Estruch (1909)

Finalmente, llegada la capitulación de la ciudad de Barcelona el día 11 de setiembre de 1714 y hechos los cálculos pertinentes, hubo unas 7.000 bajas catalanas y 14.000 borbónicas.

3. El devenir de las decisiones y postulados catalanes en la Guerra de Sucesión

El decreto de Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña fue promulgado por Felipe V en dicho territorio el 16 de enero de 1716 por el cual quedaron abolidas las leyes y constituciones propias de Cataluña, de manera que quedaba liquidada la Monarquía Hispánica compuesta de los Habsburgo y se formaba una nueva estructura política conocida como España, siendo este paso una evolución lógica hacia una forma absolutista de poder, la dominante en la Europa de esos tiempos.

Portada del Decreto de Nueva Planta para Cataluña promulgado por Felipe V
Portada del Decreto de Nueva Planta para Cataluña promulgado por Felipe V

Felipe V nunca se habría atrevido a derogar las leyes e instituciones catalanes sin una guerra, prueba de ello es que la mayoría de los monarcas Habsburgo hispánicos habían intentado homogeneizar las leyes e instituciones de sus reinos pero sin suerte y Felipe V era muy consciente de esta realidad y prueba de esto fueron las Cortes de Barcelona de 1701, que estuvieron presididas por un clima de entendimiento entre el borbón y los catalanes, de manera que el rey juró las leyes  constituciones catalanas y las cortes le respondieron con un generoso donativo.

Archiduque Carlos de Habsburgo (1685-1740)

Esta situación evidencia que el nuevo rey católico, consciente de la realidad de la Monarquía Hispánica, quería mantener buenas relaciones con los reinos que formaban ésta y sin la contienda bélica la unificación total de los reinos peninsulares no habría sido posible y los catalanes, visto con la perspectiva del tiempo, fueron víctimas de una fatal y equivocada decisión: traicionar Felipe IV de Aragón, rey legítimo y aceptado por las propias cortes que, pocos años después apoyarían al archiduque Carlos (1685-1740).

Felipe V vio en la traición de los catalanes la excusa perfecta para poder conseguir el que era el objetivo principal de todas las monarquías europeas: la consecución de un poder absoluto en manos el rey y, en el caso español, esta homogeneización se haría a la castellana, es decir, las costumbres, leyes e instituciones castellanas serían el vehículo de la unificación.

Las tropas borbónicas entrando en Barcelona el día 11 de setiembre de 1714.

De Felipe V cabe destacar un aspecto peligroso y no es otro que el resentimiento que sentía hacia los catalanes por su traición y éstos sentían que sus leyes e instituciones propias del Principado vivirían pronto su desaparición debido la propia evolución de los hechos y optaron por resistir hasta límite para intentar salvar este orden jurídico-institucional que regía el territorio des de hacía siglos.

En conclusión, la resistencia de Barcelona de 1714 fue la consecuencia de una fatal decisión que, en última instancia, provocó la derogación de las leyes e instituciones catalanas, aunque Felipe V tampoco cedió en su empeño, prueba de ello es el hecho que el propio Luis XIV intentó apaciguar, en vano,  los ánimos de venganza de su nieto, pero la cuestión es que nunca se sabrá que hubiera pasado si los catalanes se hubiesen mantenido fieles a Felipe V.

4. Bibliografía 

Canal, J. (2015). Historia Mínima de Cataluña. Madrid: Turner Publicaciones.

Fernández Díaz, R. (2014). Cataluña y el Absolutismo Borbónico: Historia y Política. Barcelona: Editorial Crítica.

Kamen, H. (1974). La Guerra de Sucesión en España (1700-1715). Barcelona: Grijalbo.

– Gerard Caballé Setó.

Los catalanes durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1713/15)

Los catalanes durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1713/15)

1. El advenimiento de la guerra y la llegada al trono hispánico de Felipe de Borbón

La Guerra de Sucesión Española (1701-1713/15) fue una un conflicto bélico internacional, más que una guerra propia de Las Españas.

Carlos II de la Monarquía Hispánica (1661-1700)

Carlos II (1661-1700), el último Habsburgo hispánico, llegó al final de sus días sin descendencia alguna, hecho que convirtió el aún poderoso Imperio Hispánico en un botín de gran deseo para la gran mayoría de monarquías europeas.

José Fernando de Baviera (1692-1699)

Este deseo de reparto del Imperio llevó a las principales potencias europeas, entre ellas, Francia, Gran Bretaña y Sacro Imperio a acordar en el año 1696 y de acuerdo con Carlos II la sucesión a favor de un príncipe de segundo orden, José Fernando de Baviera (1692-1699), para así mantener un equilibrio de fuerzas en el tablero europeo, obsesión política a lo largo de toda la Historia de Gran Bretaña, que en este caso servía para que ni Francia ni el Sacro Imperio formasen un poderoso Imperio que amenazara este equilibrio.

El destino siempre es incierto y este pacto quebró un año antes de la muerte del rey católico, en 1699, por la defunción prematura del príncipe bávaro, hecho que sacó a la luz los deseos del Sacro Imperio y franceses para hacerse con el control de la Monarquía Hispánica y las desazones de una Gran Bretaña que había visto derrumbado sus deseos de equilibrio, cúmulo de deseos y ambiciones que constituyen el preludio de la inminente guerra.

Abierto el conflicto sucesorio, Luis XIV (1638-1715) presentó un candidato a la sucesión hispánica, Felipe de Borbón (1683-1746), duque de Anjou, su nieto, que también era sobrino del propio Carlos II, dado que era hijo de la infanta María Teresa de Austria (1638-1683), hermana del rey católico y éste sería el designado como sucesor por el monarca hispánico en su nuevo testamento de 3 de octubre de 1700. Por su parte, el Sacro Imperio de Leopoldo I (1640-1705) presentó como candidato a la sucesión hispánica al archiduque Carlos de Habsburgo (1685-1749) que, evidentemente, no recibió el amparo de Carlos II.

Felipe V (1683-1746)
Felipe V de España (1683-1746)

Toda vida llega a su fin y la de Carlos II se apagó el día 1 de noviembre de 1700 y su heredero, Felipe de Borbón, puso rumbo a las Españas, llegando en 1701 y siendo proclamado rey de Castilla como Felipe V, hecho que fue aceptado por todas las monarquías europeas exceptuando el Sacro Imperio, que se guardaba sus reservas con respecto el nuevo monarca hispánico.

Luis XIV de Francia (1638-1715)

Cabe recordar que Felipe V era nieto de Luis XIV de Francia, el rey absoluto por antonomasia que, en 1701, llevaba en su haber 58 años de reinado, siendo uno de los monarcas más poderosos de su tiempo y éste con su nieto Felipe formaron un eje hispano-francés por el que la Monarquía Hispánica concedió importantes privilegios comerciales a Francia en la América Española y el monopolio sobre la importación de esclavos, formándose así un más que claro y evidente  entendimiento hispano-francés, que incomodó a varias potencias europeas.

Leopoldo I del Sacro Imperio (1640-1705)

Este eje, junto con las pretensiones imperialistas de Luis XIV, desazonaron a Gran Bretaña, Portugal, Sacro Imperio y Provincias Unidas, que formaron una coalición contra los borbones conocida como la Gran Alianza de la Haya (1701), pero los hechos se precipitaron cuando el emperador Leopoldo I de Habsburgo reclamó los derechos de su casa real sobre la Corona Hispánica declarando, en consecuencia, la guerra a los borbones en mayo de 1702.

2. El inicio de reinado de Felipe IV de Aragón en Cataluña

Volviendo en territorio hispánico, Felipe era rey de Castilla, pero aun no del Reino de Aragón y, por consiguiente, el monarca se desplazó al Principado para jurar las leyes y constituciones de Cataluña siendo reconocido como rey Felipe IV de Aragón el 3 de octubre de 1701.

El día 12 del mismo mes y año, Felipe IV (V de Castilla), convocó cortes en Cataluña cuando hacía más de 70 años que no se había producido tal convocatoria y, en consecuencia, ésta era un buen presagio para los catalanes respecto al reinado del nuevo monarca.

En estas Cortes de Barcelona de 1701 se aprobaron medidas muy favorables para el Principado catalán y, en especial, para la burguesía mercantil y por esto los catalanes correspondieron al rey con un generoso donativo para las arcas reales, de manera que el reinado de Felipe de Borbón no podía empezar de mejor manera en lo que a los intereses de los habitantes del Principado se refiere, que se deshicieron en elogios a Felipe IV.

3. La guerra y la formación de la oposición austriacista a Felipe V

Archiduque Carlos de Habsburgo (1685-1740)

Internacionalmente, la guerra había empezado y en Cataluña, resto de la Corona de Aragón y Castilla se formaron los primeros pequeños núcleos austriacistas y en setiembre de 1703, el archiduque Carlos de Habsburgo fue declarado sucesor de Carlos II y en marzo de 1704 los aliados desembarcaron en Lisboa ocupando, poco después, Gibraltar, empezando así las hostilidades en territorio peninsular.

En Cataluña, los ánimos se empezaron a caldear, debido a unas primeras promesas de los aliados a la burguesía mercantil y al grupo de los vigatans, que se mostraron a favor de la candidatura del archiduque Carlos.

En este punto, cabe destacar y resulta básico comprender que el respeto a las leyes y constituciones no era un hecho decisivo en el conflicto y, en cambio, si lo fue la francofobia extendida por el Principado, como también la opción austriacista de los eclesiásticos, que jugaron un papel decisivo en la configuración del apoyo mayoritario catalán al archiduque Carlos, en lo que sería una traición a Felipe V.

Llegados a este punto es importante destacar que la sociedad catalana no estuvo unida contra Felipe V; en la Historia no es todo blanco o negro, sino que ésta está compuesta por distintos matices de grises y la sociedad catalana vivió enfrentamientos internos, ya que, lógicamente, también existían en ella los que se mantuvieron fieles a Felipe V.

El rey rival Carlos III desembarcó en el Principado y nada más llegar empezó a engordar sus partidarios con títulos nobiliarios y en las Cortes de Barcelona (1705-1706) confirmó todas las concesiones que había hecho Felipe V y añadió de nuevas que reforzaban el pactismo catalán y los intereses burgueses.

De esta manera, Carlos III se aseguraba firmemente unos partidarios y los catalanes se posicionaban claramente en la guerra y lo hacían decididamente en el bando del rey rival Carlos III de la Casa de Habsburgo.

4. El giro de la guerra y el olvido internacional austriacista de Cataluña

José I del Sacro Imperio (1678-1711)

Era 1711 cuando la guerra vivió un giro importante con la muerte del emperador José I (1678-1711), que heredó en 1705 el Sacro Imperio de Leopoldo I. Esta muerte convirtió el archiduque en el nuevo emperador Carlos VI del Sacro Imperio y las potencias aliadas vieron con mucho más recelo un posible eje hispano-austriaco y con los tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714) se puso fin al conflicto internacional y Felipe fue reconocido rey de España y de las Indias, previa renuncia del rey español al trono francés.

Esta situación tuvo como consecuencia que los catalanes se convirtieran en los grandes olvidados, ya que fueron olvidados por los aliados y por el propio archiduque Carlos, que dejó a su mujer, Isabel Cristina de Brunswick (1691-1750), en Barcelona hasta 1713 en lo que constituyó un simulacro de continuidad de su olvidado reinado, ya que, siendo emperador del Sacro Imperio, poco interés tuvo el archiduque en alargar la contienda española.

Esta deriva de 1711 es, por si misma, una evidencia de que los catalanes fueron usados como peones de los intereses aliados en la Guerra de Sucesión, puesto que cuando interesó dotar al archiduque de apoyos peninsulares se ofrecieron a los catalanes unas jugosas recompensas, pero con el giro de los acontecimientos éstos fueron abandonados y traicionados, dejándolos solos delante de un Felipe V muy resentido por la traición a su persona de los catalanes en las cortes de 1704-1705.

5. Bibliografía 

Canal, J. (2015). Historia Mínima de Cataluña. Madrid: Turner Publicaciones.

Fernández Díaz, R. (2014). Cataluña y el Absolutismo Borbónico: Historia y Política. Barcelona: Editorial Crítica.

Kamen, H. (1974). La Guerra de Sucesión en España (1700-1715). Barcelona: Grijalbo.

– Gerard Caballé Setó.

Artículo publicado en Revista de Historia. Cita requerida: